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Cuando Rocío y Rubén me dijeron dónde se casaban, me hizo una tremenda ilusión poder trabajar con ellos. Nueve años antes me había casado yo allí. 

La historia de esta bonita pareja de Barcelona me entusiasmó desde el principio. Una amistad de toda la vida se convertía en un matrimonio lleno de amor. Rocío, tan risueña y cariñosa. Fue adorable trabajar a su lado y sentir tanta sensibilidad. Rubén, encantador y divertido. Me sorprendió su espontaneidad y naturalidad. 

Los novios escogieron un lugar en plena naturaleza para su gran día, el restaurante Can Biel, en Llinars del Vallés. Todo a su alrededor es un maravilloso jardín lleno de rincones con encanto. Tiene una preciosa pérgola para celebrar la ceremonia y unas vistas inigualables a la montaña del Montseny.  

Aquel Viernes llegaba a Barcelona a primera hora de la tarde. Rubén se vestía en casa de sus padres acompañado de su familia y su hijo Nil, tan travieso como angelical. Desde el primer momento con ellos me sentí totalmente integrada, y les agradezco de todo corazón la amabilidad con la que me recibieron. Con los preparativos del novio finalizados, era momento de visitar a la novia. 

Rocío me esperaba en su casa acompañada de su padre, Luis. Llevaba una bonita trenza caída por el costado que le daba un aire muy natural. Estaba realmente emocionada, a la vez que nerviosa. Mientras ella se maquillaba, llegaba a su casa alguien muy importante en su vida, su primo Jose Maria acompañado de su pareja Jéssica. Aunque no tenía el papel oficial de “Padrino de boda”, para Rocío era lo más parecido. 

Salir de Barcelona un Viernes tarde sin quedarse atascado por el tráfico, es bastante difícil. Pero si además tienes que llegar al restaurante antes que la novia, se convierte en un todo un reto.  

Al comenzar la ceremonia el novio esperaba bajo la pérgola abrazando a su hijo. Los dos miraban asombrados la entrada de la novia que llegaba radiante entre lágrimas de emoción. Me encantó poder presenciar el amor que les une. Miradas cómplices, sonrisas nerviosas y más de un “Te quiero” sin decir palabra.

Cuando llegó la lectura de los votos, toda mi atención fue hacia Rocío. Rubén me avisó que se los cantaría tocando el ukelele, así que podéis imaginar la cara de sorpresa que puso. Es esencial para mi conocer este tipo de detalles para que puedan quedar reflejados en un recuerdo tan importante. Gracias por compartirlos conmigo, Rubén. 

El sol estaba cayendo y la luz se volvió dorada. Mientras los invitados disfrutaban del cóctel, podían deleitarse con la puesta de sol acompañada de música jazz en directo.  

Después de una cena de lo más divertida y dinámica, empezó la fiesta con el baile nupcial entre bengalas. Fue una fiesta con tanta entrega por parte de los invitados, que me quedé hasta el final. 

Quiero agradecer a todos, en especial a los novios, la espontaneidad y alegría con la que me integraron en su círculo. Pudiendo recoger así momentos tan memorables como únicos. 

Gracias por compartir tanto conmigo y confiar en mí para vuestro gran día. Os deseo lo mejor, Rocío y Rubén.

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